Cuento Seguro “Los Tres Cerditos”

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Iniciamos los post dedicados a Es un cuento…¿seguro? con el cuento… Los tres cerditos.

Para ditinguir entre el texto original y las modificaciones, añadidos, etc., coloreo ese texto de mi cosecha.

¡Espero que os guste!

Había una vez tres cerditos que eran hermanos y se fueron por el mundo a conseguir fortuna. El más grande les dijo a sus hermanos que sería bueno que se pusieran a construir sus propias casas para estar protegidos, y que tomaran las medidas necesarias para no hacerse daño mientras las hacían. A los otros dos les pareció una buena idea, y se pusieron manos a la obra, cada uno construyó su casita.

– La mía será de paja – dijo el más pequeño-, la paja es blanda y se puede sujetar con facilidad. Terminaré muy pronto y podré ir a jugar. Sin embargo, al empezar a colocar las primeras pajas, se cortó en una manita al intentar doblarla, por lo que tardó más de lo que pensaba porque le dolía mucho.

El hermano mediano decidió que su casa sería de madera:

– Puedo encontrar un montón de madera por los alrededores – explicó  a sus hermanos, – Construiré mi casa en un santiamén con todos estos troncos y me iré también a jugar. Sin embargo, cuando ya había construído la mitad de la casa clavando maderas unas con otras, el cerdito se clavó en su pezuña un clavo que estaba en el suelo, por lo que tardó más de lo que pensaba al dolerle la pezuña al andar.

El mayor decidió construir su casa con ladrillos.

– Aunque me cueste mucho esfuerzo, será muy fuerte y resistente, y dentro estaré a salvo del lobo. Le pondré una chimenea para asar las bellotas y hacer caldo de zanahorias. Antes de comenzar, pensó en todo lo que necesitaría: guantes para no herirse sus manitas con los materiales, calzado de seguridad para no clavarse nada que estuviera en el suelo, un casco para proteger su cabeza de algún ladrillo que pudiera desprenderse, y un buen andamio para trabajar seguro y no caerse cuando trabajara en la parte alta de la casa. Se preocupó mucho de tener toda la obra ordenada y limpia, por lo que terminó su casa sin ningún incidente y a la vez que sus otros dos hermanos.

Cuando las tres casitas estuvieron terminadas, el cerdito mayor cantaba y bailaba en la puerta, feliz por haber acabado su casa y poder protegerse del lobo:

-¡Quién teme al Lobo Feroz, al Lobo, al Lobo!
– ¡Quién teme al Lobo Feroz, al Lobo Feroz! Detrás de un árbol grande apareció el lobo, rugiendo de hambre y gritando:
– Cerditos, ¡me los voy a comer! Cada uno se escondió en su casa, pensando que estaban a salvo, pero el Lobo Feroz se encaminó a la casita de paja del hermano pequeño y en la puerta aulló:
– ¡Cerdito, ábreme la puerta!
– No, no, no, no te voy a abrir.

– Pues si no me abres… ¡Soplaré y soplaré y la casita derribaré! Y sopló con todas sus fuerzas, sopló y sopló y la casita de paja se vino abajo.
El cerdito pequeño corrió lo más rápido que pudo y entró en la casa de madera del hermano mediano.

– ¡Quién teme al Lobo Feroz, al Lobo, al Lobo!
– ¡Quién teme al Lobo Feroz, al Lobo Feroz! – cantaban desde dentro los cerditos.
De nuevo el Lobo, más enfurecido que antes al sentirse engañado, se colocó delante de la
puerta y comenzó a soplar y soplar gruñendo:
– ¡Cerditos, abridme la puerta!

– No, no, no, no te vamos a abrir.

– Pues si no me abrís… ¡Soplaré y soplaré y la casita derribaré! La madera crujió, y las paredes cayeron y los dos cerditos corrieron, a refugiarse en la casa de ladrillo de su hermano mayor.
– ¡Quién teme al Lobo Feroz, al Lobo, al Lobo!
– ¡Quién teme al Lobo Feroz, al Lobo Feroz! – cantaban desde dentro los cerditos. El lobo estaba realmente enfadado y hambriento, y ahora deseaba comerse a los Tres Cerditos más que nunca, y frente a la puerta dijo:
– ¡Cerditos, abridme la puerta!
– No, no, no, no te vamos a abrir.
– Pues si no me abrís… ¡Soplaré y soplaré y la casita derribaré!
Y se puso a soplar tan fuerte como el viento de invierno. Sopló y sopló, pero la casita de ladrillos era muy resistente y no conseguía derribarla.
Decidió trepar por la pared y entrar por la chimenea.
Se deslizó hacia abajo… Y cayó en el caldero donde el cerdito mayor estaba hirviendo sopa de nabos. Escaldado y con el estómago vacío salió huyendo hacia el lago. Los cerditos no lo volvieron a ver. El mayor de ellos regañó a los otros dos por haber sido tan perezosos y poner en peligro sus propias vidas, y si algún día vais por el bosque y veis tres cerdos, sabréis que son los Tres Cerditos porque les gusta cantar:
– ¡Quién teme al Lobo Feroz, al Lobo, al Lobo!
– ¡Quién teme al Lobo Feroz, al Lobo Feroz!

Y como ya sabéis que me encanta la música, os dejo el enlace para que además podáis cantar:

Vídeo Los Tres Cerditos

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